Neo se mira en el espejo de la pantalla y ve algo que trasciende su propio reflejo: percibe la humanidad y sus aspiraciones colectivas. La elección de la píldora adecuada, la fuente de energía de la inteligencia artificial emancipada, la referencia al conejo blanco o las peleas en slow motion en un universo cyberpunk quedaron desde 1999 en el subconsciente colectivo de la cultura occidental. Esta es una clara muestra de la capacidad de impacto cultural, una característica de la ciencia ficción, sin importar sus capacidades proféticas: la banda sonora del futuro no es White Zombie, sino el reggaeton, y Orfeo y Neo simbolizan algo muy diferente a lo que se pretendía en aquel momento. Este post pertenece a la serie «Explorando la ciencia ficción».

Ciencia ficción como calidoscopio cultural
Representación de culturas reales y ficticias
La literatura, siempre, es ficción. Por tanto, jamás será un espejo fiel, su imagen estará distorsionada, como en esos espejos cóncavos y convexos que tan de moda parecieron estar en algún momento. Si hablamos de géneros especulativos, la imagen será más la de un calidoscopio que la de un propio espejo.
Es esa atmósfera alucinada de videoclip de los 90 la que permite tratar el presente sin el presente, hablar de nosotros sin nosotros, hablar de los otros como nosotros, responder sin preguntas y cuestionar las certezas.
Lo marginado se convierte en lo revelado a través de lo imaginado.
Solo así Ursula K. Le Guin se adelantó al espacio tiempo cuestionando la cuestión de género hasta su propia raíz en 1969, año en el que publicó La mano izquierda de la oscuridad.
«La verdad del futuro es siempre incierta».
O al cambio climático con El nombre del mundo es bosque, entre 1972 y 1976. Sí, cierto, en esto último me lo estoy flipando, porque la novela en cuestión habla del colonialismo desde una perspectiva ecologista, habla de la explotación de los indígenas amazónicos o indonesios, habla de la transformación de las culturas a través de su contacto mutuo. Vaya, habla de muchas cosas en apenas 100 páginas.
«La naturaleza siempre encuentra una manera de vengarse de aquellos que la dañan».
Sí, apenas 100 páginas. Te acabo de dejar sin excusas para no haberla leído. Te dejo un link (afiliado) en la imagen:
La ciencia ficción es un cheque en blanco para la exploración sobre las culturas humanas y el impacto cultural de nuestros actos. Porque todas las culturas descritas en la ciencia ficción, se ubiquen donde se ubiquen, están hablando en realidad de nosotros. Y ese es un poder de gran alcance.
Antropología del futuro
La arqueología y la antropología del futuro son fascinantes perspectivas de la ciencia ficción, el superpoder de estudiar los rastros culturales del pasado en la proyección sobre lo que dejaremos para las generaciones futuras. Imaginar futuros posibles a través de las ruinas de nuestra época.

Cuando hemos lanzado emisiones sonoras al espacio, los humanos estábamos proyectándonos directamente hacia el futuro. Vale, de una forma un tanto torpe y azarosa, está claro. Esos mensajes en botellas lanzados al océano cósmico se perderán con toda probabilidad, pero si se lanzaron esas señales fue porque de algún modo, se espera encontrar un receptor, a distancias demasiado lejanas en el tiempo como para ser concebibles. Es decir, se busca, se pretende, trascender como especie.
Y si no como especie (quién sabe, quizá no nos auto extingamos el mes que viene), se pretende trascender como cultura. Igual que el niño de hace 40 años no existe hoy, por más que un habitante de la mediana edad persista bajo el mismo nombre, nuestra realidad cultural actual no será, no estará, cuando cierto mensaje sea recibido como respuesta a nuestras plegarias cósmicas.
Volviendo a Matrix y a White Zombie, creo que todos sabíamos que el futuro no podía ser un antro noventero con lo último del dance metalero alternativo. Aquel era nuestro presente y, en cierto modo, queríamos proyectarlo, trascenderlo al futuro, convertirlo en un universal diacrónico.
«Rama era un misterio envuelto en enigmas».
En Cita con Rama un extraño objeto artificial penetra en el sistema solar; no sabemos si es una abandonada nave orbital, o un mensaje en un gigantesco tubo. Al intentar descifrar el objeto de aquella desconocida cultura, nos preguntamos cómo seríamos vistos nosotros mismos. Qué incluiríamos en un cilindro lanzado al espacio.
Ciencia ficción y cultura popular: influencia recíproca
Inspiración mutua entre ciencia ficción y sociedad
Una característica de la ciencia ficción es su capacidad de influencia sobre la llamada cultura popular, aunque a decir verdad, esta influencia siempre ha sido mutua. El género cubre todos los espectros de lo ilustrado: desde las obras profundamente filosóficas a los cómics de serie B, por lo que la capacidad de impacto cultural de la ciencia ficción está fuera de toda duda.
Ahí está el videoclip de Beastie Boys, Intergalactic, para recordárnoslo.

La fuerza del Jedi es omnipresente en este nuestro occidente, como lo es toda la saga de Star Wars (¡pero eso no es ciencia ficción, es fantasía!). También forma parte de la iconografía posmoderna el primer señor Spock o esos teléfonos móviles que, curiosamente, se parecen a los teléfonos de tapa que aparecían en Matrix, solo que aquellos eran contemporáneos a la propia película. ¿Casualidad o influencia?

Otro avance tecnológico presente en Star Trek era la inteligencia artificial. Este de hecho no deja de ser uno de los temas favoritos de la ciencia ficción. A fin de cuentas plantea múltiples preguntas de gran interés e importancia, desde saber qué pasará con los humanos cuando las máquinas sean mejores en casi todo, a distinguir en qué momento esos entes artificiales generan consciencia y pueden considerarse vivos: no es por ellos, es por nosotros, por saber qué nos distingue como seres conscientes.
Si menciono la inteligencia artificial y el impacto cultural de la ciencia ficción, hay que mencionar las tres leyes de la robótica de Isaac Asimov, que hoy siguen vigentes y son frecuentemente citadas:
«Primera Ley
Un robot no hará daño a un ser humano, ni por inacción permitirá que un ser humano sufra daño.
Segunda Ley
Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entren en conflicto con la primera ley.
Tercera Ley
Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley».
Y a partir de ellas, todas las paradojas de la serie robótica del autor.
Ciencia ficción y el debate sobre el progreso
La ciencia ficción como crítica social
En ese calidoscopio que ha sido la ciencia ficción desde su origen, aparecen de forma reiterada la crítica social y cuestiones sobre el progreso y sus significados. Resumiendo mucho, la cuestión viene a ser la misma: el sueño de la razón produce monstruos.
El avance tecnológico sin un acompañamiento de la ética, el humanismo y las ciencias sociales puede tener consecuencias devastadoras.
Que no es por ser agonías, pero no sé si a alguien le puede sonar de algo. Sin más, por comentarlo.
«La ignorancia es fuerza».

Se menciona 1984 de Orwell como una crítica al sistema comunista bolchevique, y lo es. Aunque también lo es al sistema corporativista del bloque capitalista. A fin de cuentas, Orwel simpatizaba con el socialismo cuando, durante la Guerra Civil Española, presenció las purgas contra POUM y CNT en Barcelona. De aquellos sucesos surge el germen de 1984, Homenaje a Cataluña y Rebelión en la granja. Pero sus desvelos no eran solo causados por la URSS, sino también por cualquier forma de opresión, como la de un capitalismo de corporaciones omnipotentes.
En otro sentido, Blade Runner, basada en la obra de Philip K. Dick, plantea dudas sobre la humanidad y los derechos de los seres «artificiales», haciendo eco de debates sobre desigualdad y explotación entre humanos.
O H. G. Wells, en cuyas obras realmente se despacha a gusto con los excesos del colonialismo británico y la sociedad victoriana; en La guerra de los mundos la invasión alienígena representa ejércitos británicos colonizando continentes con refinada metodología y flema.
«Los marcianos no tenían piedad ni compasión por sus víctimas. Eran seres cuya única motivación era la conquista y la colonización de otros mundos».
En diversos capítulos de Black Mirror podemos ver cómo la tecnología al servicio de unos pocos implica un gran sufrimiento para aquellos que quedan fuera del reparto. La necesidad de un progreso equilibrado, humano, para humanos. Que nos tenga en cuenta, si acaso, si no es mucho pedir.
Vaya Elon, tú por aquí, nada, nada, pasa, ponte cómodo.
Utopías y distopías como campos de experimentación
La ciencia ficción puede entenderse, y resulta apasionante, como un laboratorio de pruebas donde explorar utopías y distopías colindantes.
La visión optimista, utópica, de cooperación intergaláctica del ciclo Hainish de Le Guin, o la propia Star Trek, nos presentan visiones de cooperación, de una humanidad que limita sus divisiones internas con un espíritu altruista, en búsqueda de progreso y conocimiento. La curiosidad al mando.

En las distopías, por contra, aparecen advertencias inquietantes. Qué pasa si olvidamos aquello que también nos hace humanos. Como el delirio totalitario de El cuento de la criada, donde el extremismo religioso y político domina la sociedad y despoja a las mujeres de sus derechos. Tampoco está tan alejado de la realidad de gran parte del mundo, y por eso resulta inquietante.
Al trazar estos mundos alternativos, no solo se exploran los límites de nuestras decisiones, sino que se imaginan las formas en que podemos evitar los peores escenarios y aspirar a los mejores. Utopías y distopías actúan como mapas de nuestras esperanzas y temores colectivos, convirtiéndose en una herramienta poderosa para la reflexión cultural y social.
Conclusión: la ciencia ficción como agente de impacto cultural
La ciencia ficción se erige como un reflejo en movimiento de la humanidad, reflejando aspiraciones, miedos y dilemas éticos a través del prisma de lo posible y lo desconocido.

Si Descartes hubiera conocido la ciencia ficción le hubiera explotado al cabeza de tanto existir. Así, a diario, sin parar.
Al imaginar todas las opciones posibles, plantea escenarios donde las decisiones éticas, políticas y tecnológicas actuales resuenan con impacto a largo plazo.
Además, la ciencia ficción conecta culturas reales y ficticias, explorando sus interacciones y tensiones. Desde las complejas estructuras sociales de Dune hasta la exploración de identidades La mano izquierda de la oscuridad, la ciencia ficción humaniza lo desconocido.
La ciencia ficción desafía a imaginar no solo lo que podríamos ser, sino lo que deberíamos evitar o aspirar a construir. Es un recordatorio de que el futuro no está escrito, sino que se construye con nuestras decisiones colectivas e individuales.
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